lunes, 26 de noviembre de 2012

¿Los clientes siempre tienen la razón?


‘El cliente siempre tiene la razón’. Esa es la frase que convierte cualquier petición absurda o queja exagerada de un cliente en motivo justo para que este salga victorioso del local comercial, como soldado vencedor en una batalla que ya tenía un final determinado.

Muchos hemos llegado abusar de ella, pero, ¿no somos nosotros los que mantenemos las empresas? Si pago por algo, exijo un trato aceptable y que mi palabra sea, al menos a mis ojos, la razón. Es eso lo que diferencia un buen servicio de otro. No es necesario que la compañía esté de nuestro lado, solo que parezca estarlo. Aunque de manera muy rústica, las relaciones públicas llegaron para cubrir ese hueco que, aún hoy día, muchas empresas poseen.

Ahora, ¿qué pasa si realmente el cliente tiene la razón? Lo más lógico sería arreglar el problema. Error. La respuesta, censurar ‘lo que no convenga’.

En este punto, me refiero a Happy City, parque de diversiones con cobertura a nivel nacional. Hace algunos años, esta empresa decidió instalar, además de los juegos tradicionales, máquinas de baile simulado en sus sedes ubicadas en Barranquilla. Una de ellas es la Pump it up, que combina coordinación, ritmo y estado físico. Hasta ahora un juego común y corriente, que traería otro tipo de clientes: jóvenes.

Efectivamente, con el arribo de esta máquina llegaron las rondas de madres asombrados y niños curiosos de ver jóvenes ‘matando cucarachas’ sobre un panel de metal. En cuestión de meses, la cantidad de jugadores fue en aumento, llegando a formar un club para los fanáticos de este juego en Barranquilla, llamado PumpXtreme.

¿Tendría algo de malo que jóvenes con gustos comunes se organizaran? Parece que sí. Cuando se reclaman derechos como clientes frente a un mal servicio, resulta ser muy malo.
Las condiciones en que la máquina de Pump it up, ubicada en el local del centro comercial Único de Barranquilla, ofrece servicio a sus clientes es deplorable. Esto, sin contar los altos precios que deben pagar niños y jóvenes, la mayoría sin independencia económica, para acceder a la atracción. Ahora, podríamos justificar un valor elevado si las condiciones de prestación del servicio son las ideales. Lamentablemente, ese no es el caso.

Paneles rotos, lo que puede causar accidentes; sensores averiados, sonido deficiente y sin el completo uso de todas las herramientas que ofrece la máquina, hacen que los seguidores del Pump it up no se sientan motivados, ¿quién quería gastar su dinero en algo que no funciona al 100%? En esto punto, es que entra la compañía, encargada de velar que los clientes estén satisfechos, y a la larga, deseen regresar e invitar a otros.

La mejor forma de promoción es un buen servicio, que no solo basta con lindas y decoradas instalaciones llenas de empleados uniformados, sino productos eficientes y en un ambiente de confianza en que el cliente no tema exponer sus quejas y que estas sean escuchadas, sin tener que acudir a una triste salida del local con solo pensamientos negativos hacia la empresa y no solo el local o la máquina.

Recuerden que es más fácil esparcir comentarios negativos que positivos. A la larga, un cliente mal atendido, inconsciente o conscientemente, se encargará de narrar su experiencia con otros. Algo que para nada mejora la imagen de una empresa.

Con esto, respetuosamente expreso mi insatisfacción con lo ocurrido con los miembros de PumpXtreme en el local de Happy City respecto a las quejas que ellos han mostrado frente al mal servicio prestado en el lugar.  De tener un departamento de comunicaciones o relaciones públicas, que espero así sea, deberían saber que ocultar los comentarios de los clientes y no darles una explicación formal de lo sucedido no es lo ideal. Es hora de reformar la forma de tratar a los clientes.

Espero que algún día los clientes afectados obtengan una respuesta frente a sus quejas y finalmente ellos ‘tengan la razón’.