Quien lo ve no cree que esa es su profesión. Con una barba que recuerda a los días de náufrago de Robinson Crusoe, jeans, suéters de rayas y manillas de cuentas de madera, Alberto Linero podría pasar un día entero jugando dominó en el patio de su casa y nadie notaría que el hombre que grita mientras lo hacen "comer" es un sacerdote.
En vez de ponerse el traje clerical, se pone la camisa de junior. Eso sí, siempre y cuando no tenga la del Unión Magdalena, la selección Colombia o la celeste de la Argentina. Además del fútbol, su corazón se acelera cuando oye un vallenato mientras saca el doble seis que da inicio a la partida de su juego favorito.
Con 46 años dando paso por los caminos de la vida, Alberto tomó el sendero de Dios gracias a su abuela Cleotilde, quien le enseñó que la vida no es lo que el pensaba o creía, y a través de cuentos le inculcó al pequeño el amor a quien hoy es el centro de su vida tanto personal como profesional.
Creyente o dudoso de la religión, todos saben que "el man está vivo" y si no es así, no eres colombiano, o al menos, no caribeño. Esta frase, es el lema del padre Alberto, que lo ha inmortalizado cada mañana con una sección donde regala a los televidentes reflexiones del día a día. Y el man no solo está vivo en televisión nacional, sino en publicaciones y en la radio Minuto de Dios, que él dirige.
Su incursión en los medios no solo viene de vocación, sino de profesión. Alberto es comunicador social de la de Universidad Javeriana, que sirvió para forjar su amor a la religión con sus bases académicas, y no solo se dedica a esto, sino que también reparte su tiempo como catedrático en la Universidad del Norte y otras labores en pro de Dios y la sociedad.
Diferente a otros sacerdotes, él mezcla las costumbres de los seminarios con la tecnología, convirtiéndose de inmediato en una figura mediática que no tiene nada que envidiarle a los presentadores y actores cotizados del país.
"Si Jesucristo viviera entre nosotros hoy, seguramente, utilizaría el internet para llevar su palabra", afirma. Alberto Linero, es un personaje que recuerda a todo menos a un sacerdote. Su personalidad y su ropa, son cualquier cosa menos algo religioso; y es por esto que sus palabras producen más eco que aquellos con bata negra.