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miércoles, 10 de abril de 2013

Me quiere, no me quiere

Una reflexión basada en unas cuantas historias que he escuchado por estos días. No es un poema, es un texto de párrafos cortos. 

Me busca, me abandona.
Sabe qué me gusta oír, sabe que odio su silencio. 
Conoce todo de mí, ignora que tengo sentimientos.
Es maestro en seducción, estudiante del olvido. 
Como todo caballero, profesa no tener recuerdos de mí. 
¿Me quiere o no me quiere?

Si de modales hablamos, él es una insignia. 
Parece que fue hecho a la medida, es perfecto.
No tiene defectos, o al menos no deja entreverlos. 
Es discreto, nunca deja mancha de sus tropiezos.


Sus manos producen sentimientos que otros no llegan a imaginar.
Las sábanas delatan lo que ha pasado.
Sus acciones son traídas de los picos más altos de los nevados. 
Las paredes de la habitación son los únicos pilares de esta relación. 
¿Me quiere o no me quiere?


No es él, soy yo.
No tengo lo que él desea, pero lo amo. 
No lo merezco, lo sé.
No me lamento, digo la verdad.

Su mirada me llama, me dice que vaya con él.
Ya no sé si sea lo correcto, pero tal vez siga su sombra.
¿Me quiere o no me quiere? Creo que la respuesta ya es más que clara. 

sábado, 9 de febrero de 2013

Empezó el Carnaval

Es la época en que el olor a chuzo de chorizo y butifarra impregna a la ciudad. Los vendedores se multiplican y los precios ni se digan. Es el diciembre del barranquillero: los artesanos, vendedores ambulantes y amas de casas venden accesorios, decoraciones y comida como ninguna otra fecha en el calendario.

Y nadie se queda atrás. Los turistas saliendo en cada esquina, unos más atractivos que otros, esperan conocer un amable personaje local que pueda hacer más grata su momentánea estadía. Diría que toda la atención cae en las mujeres, pero también están los hombres que de la noche a la mañana se convierten en traductores especializados en entretener a los clientes. Alto bajo, bajo, gordo o calvo, el hecho de que estén colorados por el calor y vistan shorts o bermudas hacen que los tiernos ojos de los lugareños recaigan sobre los visitantes de paso, que no se sienten incómodos con la situación, sino por el contrario, es parte de la experiencia de "disfrutar el Carnaval". Además, nunca está de más tener una historia que contar días después acerca del día "en que conociste un gringo mientras intentabas enseñarle a bailar cumbia".

Entre otras cosas, es la época en que es justificable cualquier cosa que hagas. Ayer, en pleno baile y jolgorio, los borrachos, parte de la decoración carnavalera, empezaban su rutina diaria por lo siguientes cuatro días. En medio de la carrera 46 con calle 72, punto estratégico de Barranquilla, un familiar del 'ñato mama ron' se le fue la mano y apretó un trasero que no era el suyo. ¿Qué hizo la afecta? Reírse. Tampoco es que aquel hombre pudiese darle una explicación coherente de la situación. ¿Qué pasó después? El borracho se cayó sobre la acera y los recogió un amigo, supongo que intentaba llevarlo a un lugar menos transitado antes que continuara cometiendo tonterías.

Pero no todas las imprudencias son malas. A veces pueden sacar más de una carcajada, aún si estás de mal humor en medio de las explosiones de espuma, maizena y ruido. Ir caminando en medio de la gente buscando a alguien o un baño, puede ser el momento en que encuentres más parejas de baile en toda la noche. El vendedor de sombreros, el de manillas, el bailarín solitario y el entusiasta que hacer mover hasta a una escoba son algunos de los personajes que te encontrarás en medio del camino.

Si bien, han pasado pocas horas y esto apenas comienza, son muchas las historias que hacen al Carnaval de Barranquilla una fiesta. No todos podemos vivirla al cien por ciento, no todos tienen cuatro días libres, dinero o compañía, pero lo que es cierto es que cada uno la goza a su manera porque es una acción latente del caribeño.

lunes, 28 de enero de 2013

Cansancio

Cuando la mente está bajo estrés, es como si quisiese entrar en un sueño forzado. No hay nada que pensar, que hacer, solo deseos de cerrar los ojos y dejar el cansancio a quienes siguen despiertos. 

No siendo más, vámonos a dormir si queremos acortar la espera de la próxima madrugada. 

domingo, 27 de enero de 2013

Es domingo

Realmente tenía la disposición para escribir algo interesante, pero resulta que hoy es domingo. Conocido como el día en que los desocupados duermen y los padres salen de paseo con sus hijos, es la pequeña parte de la semana en que eres libre, y si no, te pagan más por hacer lo mismo que harás mañana. 

Son esas 24 horas en que puedes comer cualquier cosa sin sentirte culpable porque no te alimentas bien. ¿A qué no puedo estar en pijama todo el día? Podría estar solo en ropa interior sin sentir remordimiento. 

Es la única mañana en que te levantas al mediodía y parece que estuviese amaneciendo. No hay ruido, los pájaros decidieron desistir de sus cantos y los vecinos prefirieron dormir y no celebrar desde temprano. Un placer sentir que no tienes nada más que hacer aparte de ver el mismo episodio de los Cuentos de los Hermanos Grimm (para quienes crecieron en Colombia lo entenderán). 

Lo que hacemos el resto de la semana es una experiencia diferente si es domingo. El transporte es más caro, los lugares de entretenimiento están más llenos, los puestos de trabajo casi desiertos y la comida chatarra es más deliciosa que siempre. Incluso la brisa es más fuerte y fría. 

¿Qué pasa en mi vida los domingos? Nada. Es solo la madrugada extendida del sábado. Oh domingo, que haría sin ti cada fin de semana... 

jueves, 22 de marzo de 2012

Alberto Linero: un padre mediático

Quien lo ve no cree que esa es su profesión. Con una barba que recuerda a los días de náufrago de Robinson Crusoe, jeans, suéters de rayas y manillas de cuentas de madera, Alberto Linero podría pasar un día entero jugando dominó en el patio de su casa y nadie notaría que el hombre que grita mientras lo hacen "comer" es un sacerdote. 

En vez de ponerse el traje clerical, se pone la camisa de junior. Eso sí, siempre y cuando no tenga la del Unión Magdalena, la selección Colombia o la celeste de la Argentina. Además del fútbol, su corazón se acelera cuando oye un vallenato mientras saca el doble seis que da inicio a la partida de su juego favorito.

Con 46 años dando paso por los caminos de la vida, Alberto tomó el sendero de Dios gracias a su abuela Cleotilde, quien le enseñó que la vida no es lo que el pensaba o creía, y a través de cuentos le inculcó al pequeño el amor a quien hoy es el centro de su vida tanto personal como profesional. 

Creyente o dudoso de la religión, todos saben que "el man está vivo" y si no es así, no eres colombiano, o al menos, no caribeño. Esta frase, es el lema del padre Alberto, que lo ha inmortalizado cada mañana con una sección donde regala a los televidentes reflexiones del día a día. Y el man no solo está vivo en televisión nacional, sino en publicaciones y en la radio Minuto de Dios, que él dirige.

Su incursión en los medios no solo viene de vocación, sino de profesión. Alberto es comunicador social de la de Universidad Javeriana, que sirvió para forjar su amor a la religión con sus bases académicas, y no solo se dedica a esto, sino que también reparte su tiempo como catedrático en la Universidad del Norte y otras labores en pro de Dios y la sociedad.

Diferente a otros sacerdotes, él mezcla las costumbres de los seminarios con la tecnología, convirtiéndose de inmediato en una figura mediática que no tiene nada que envidiarle a los presentadores y actores cotizados del país. 

"Si Jesucristo viviera entre nosotros hoy, seguramente, utilizaría el internet para llevar su palabra", afirma. Alberto Linero, es un personaje que recuerda a todo menos a un sacerdote. Su personalidad y su ropa, son cualquier cosa menos algo religioso; y es por esto que sus palabras producen más eco que aquellos con bata negra.