martes, 24 de abril de 2012

Tomemos café

Algo que salió mientras escuchaba música.

Gotas caen. La humedad no calma la tensión del ambiente. Sol lleva una hora esperando a la puerta del café, ella piensa que solo han sido cinco minutos, pues no quiere el momento llegue. 

Cuando alza su cabeza, se da cuenta que él está allí, observándola. Hacía semanas que no sabía de él, mil emociones se lanzaron sobre ella. ¿Estaba haciendo lo correcto? En ese día lluvioso su cuerpo se juntó con el de él. Aquel abrazo los convirtió en uno, fue demasiada presión para Sol. 

Los problemas empezaron cuando él no entendió el mensaje de Sol. Él había terminado con ella, pero ella no había terminado con él. Sol debía estar con él, no importaba cómo. Así pasaron muchos años, Sol estuvo con él, pero él no lo sabía.

Cuando tocaba la guitarra, ella seguía el ritmo con la batería. Desde el departamento de enfrente, hacía el acompañamiento de su amado. Dormían juntos cuando ella lograba calmarlo, a veces con licor, a veces con algo más fuerte, pero siempre lograba que cerrara los ojos. Antes del amanecer, Sol ya había salido del cuarto oscuro de él.

Un día se dio cuenta que la rutina hacía todo más denso. Ella lo seguía, pero él no a ella. Era un barco navegado por una sola persona. 

Aquel café fue amargo. El azúcar nunca fue suficiente para aliviar el mal sabor de lo que había pasado. Y los ojos de él calentaban aún más la bebida. Sol, quién se vio atrapada entre la lluvia, la mirada delatora y la taza de agua oscura, no tuvo otra opción. Ese día ambos tomaron café, pero solo él pudo terminarlo sin que la sangre salpullera su servilleta. 

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