Otra vez en el viejo cuarto marrón- pensé, mientras me esforzaba por mantener los ojos cerrados y dormir un poco mas. Toda mi vida había encontrado el despertar como uno de los más trabajosos y desagradables momentos, por eso dar vueltas en la cama por horas se había convertido en una rutina. Cuando hube completado 30 mins de lucha, el celular sonó rompiendo la paz de la soleada mañana, esperaba esta llamada, pero nunca sospeche que iba a acelerar mi regreso a la realidad. Sin lugar a dudas era la voz de mi hermano mayor, estaba distorsionada por los sollozos y los lamentos pero claramente la distinguía, había crecido oyéndola. Sabía lo que me diría a continuación, pero de todas formas me estremecí al escucharlo.
-Ha muerto, te habría llamado antes, pero de nada hubiera servido, estaba inconsciente, lo siento!-
Cuando termine de asimilarlo, ya estaba de pie, no se como, respire profundo y le indique que en 15 mins estaría en el hospital con el. Me vestí de negro de forma automática y llegue mucho antes de lo previsto.
Pero todo se volvió cercano cuando vi a mis familiares esperando en la puerta, todos de luto, apretujándose para abrazarme de primero y con lágrimas gigantes en los ojos, que parecía habérseles formado al verme. Repartí abrazos, les pedí que no lloraran y avance hasta mi hermano, observe como su habitual aspecto de bravucón había desaparecido, estaba destrozado, no necesitaba hablarle para darme cuenta, llevaba los mismos jeans sucios que llevaba el día anterior y la camisa verde que mi madre le había dado de cumpleaños, claro, por ella estábamos aquí, de pronto recordé aquella canción que sonaba repetitivamente en el celular de Mónica, le encontré sentido a cada sonido y me detuve, seguía con los ojos puestos en Andrés, sus grandes ojos negros se encontraban inundados, su piel trigueña se veía amarillenta y su pelo se perdía en la negrura sin ninguna gracia, nunca había dicho que fuera simpático, pero en ese instante se veía mas deslucido de lo habitual. Fue el quien corrió a mi encuentro, me sostuvo en sus brazos como protegiéndome de todo, me decía al oído una y otra vez: todo va a estar bien, lo superaremos, te cuidare, protegeré de ti, trabajare para ambos; creo que el no creía las palabras que salían de su boca, porque necesito pronunciarlas una docena de veces para retirarme su abrazo y mirarme a los ojos.
-Estoy bien-le dije- tu deberías calmarte, nada ha pasado, se murió, así es la vida, la gente se muere y sabes que eso es lo mejor, nos dolerá, pasara, y algún día también moriremos.
El llanto salio de sus ojos y volvió a tenerme a su lado, me conocía mejor que nadie, no iba a llorar, ni un segundo, solo lloraba por una causa con solución, y esta no era una de esas, se tendría que conformar con que estuviera en los actos protocolarios, pero no me tiraría a morir, y el se sentía orgulloso de eso.
El día transcurrió entre pésames y expresiones de solidaridad, mis amistades no se separaron de mí ni un minuto, y los ojos negros de mí más cercano pariente me vigilaban esperando una reacción súbita de mi parte. Escuche algunos comentarios de los asistentes, insistían en que estaba demasiado calmada, la mayoría no me conocían, no me gustaba acercarme mucho a la gente, hace mas daño que bien y mi cerrado grupo de amigos era suficiente para mantener la cordura y soportar la vida.
Después del entierro, regresamos a la casa a recoger nuestras cosas, parecía q para ambos era hora de marcharnos, no decidíamos aun a donde ir, pero no podíamos seguir manteniendo la casa, Andrés no terminaba aun la universidad y yo apenas la comenzaba. Al terminar de empacar, salimos a la calle a tomar un taxi, pero el carro azul de mi tía Luz estaba esperándonos.
-A donde piensan ir jovencitos?-dijo con una amplia sonrisa- Ahora creen poder librarse de la familia tan rápidamente, vengan conmigo, hay espacio de sobra en mi casa, además ganar 2 hijos no me caería nada mal.
Mi hermano la abrazo de forma instintiva, sabia lo preocupado q estaba, y el alivio que significo aquella visita sorpresa. Entramos al vehiculo y nos alistamos para el gran viaje, Luz vivía a media hora de la casa, en un lujoso apartamento a la salida de la ciudad, es una mujer prospera y al no tener hijos era la mas adecuada para hacerse cargo de nosotros...
-Ha muerto, te habría llamado antes, pero de nada hubiera servido, estaba inconsciente, lo siento!-
Cuando termine de asimilarlo, ya estaba de pie, no se como, respire profundo y le indique que en 15 mins estaría en el hospital con el. Me vestí de negro de forma automática y llegue mucho antes de lo previsto.
Pero todo se volvió cercano cuando vi a mis familiares esperando en la puerta, todos de luto, apretujándose para abrazarme de primero y con lágrimas gigantes en los ojos, que parecía habérseles formado al verme. Repartí abrazos, les pedí que no lloraran y avance hasta mi hermano, observe como su habitual aspecto de bravucón había desaparecido, estaba destrozado, no necesitaba hablarle para darme cuenta, llevaba los mismos jeans sucios que llevaba el día anterior y la camisa verde que mi madre le había dado de cumpleaños, claro, por ella estábamos aquí, de pronto recordé aquella canción que sonaba repetitivamente en el celular de Mónica, le encontré sentido a cada sonido y me detuve, seguía con los ojos puestos en Andrés, sus grandes ojos negros se encontraban inundados, su piel trigueña se veía amarillenta y su pelo se perdía en la negrura sin ninguna gracia, nunca había dicho que fuera simpático, pero en ese instante se veía mas deslucido de lo habitual. Fue el quien corrió a mi encuentro, me sostuvo en sus brazos como protegiéndome de todo, me decía al oído una y otra vez: todo va a estar bien, lo superaremos, te cuidare, protegeré de ti, trabajare para ambos; creo que el no creía las palabras que salían de su boca, porque necesito pronunciarlas una docena de veces para retirarme su abrazo y mirarme a los ojos.
-Estoy bien-le dije- tu deberías calmarte, nada ha pasado, se murió, así es la vida, la gente se muere y sabes que eso es lo mejor, nos dolerá, pasara, y algún día también moriremos.
El llanto salio de sus ojos y volvió a tenerme a su lado, me conocía mejor que nadie, no iba a llorar, ni un segundo, solo lloraba por una causa con solución, y esta no era una de esas, se tendría que conformar con que estuviera en los actos protocolarios, pero no me tiraría a morir, y el se sentía orgulloso de eso.
El día transcurrió entre pésames y expresiones de solidaridad, mis amistades no se separaron de mí ni un minuto, y los ojos negros de mí más cercano pariente me vigilaban esperando una reacción súbita de mi parte. Escuche algunos comentarios de los asistentes, insistían en que estaba demasiado calmada, la mayoría no me conocían, no me gustaba acercarme mucho a la gente, hace mas daño que bien y mi cerrado grupo de amigos era suficiente para mantener la cordura y soportar la vida.
Después del entierro, regresamos a la casa a recoger nuestras cosas, parecía q para ambos era hora de marcharnos, no decidíamos aun a donde ir, pero no podíamos seguir manteniendo la casa, Andrés no terminaba aun la universidad y yo apenas la comenzaba. Al terminar de empacar, salimos a la calle a tomar un taxi, pero el carro azul de mi tía Luz estaba esperándonos.
-A donde piensan ir jovencitos?-dijo con una amplia sonrisa- Ahora creen poder librarse de la familia tan rápidamente, vengan conmigo, hay espacio de sobra en mi casa, además ganar 2 hijos no me caería nada mal.
Mi hermano la abrazo de forma instintiva, sabia lo preocupado q estaba, y el alivio que significo aquella visita sorpresa. Entramos al vehiculo y nos alistamos para el gran viaje, Luz vivía a media hora de la casa, en un lujoso apartamento a la salida de la ciudad, es una mujer prospera y al no tener hijos era la mas adecuada para hacerse cargo de nosotros...
Una historia q un dia comence y no he terminado aun....ojala les guste....
ResponderEliminarIba por la segunda linea y ya imaginaba hacia donde te dirigias. Continua ! =D
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