miércoles, 23 de marzo de 2011

Lo que ella le dijo a él

-Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia-
Ya en silencio solo se oye el sonido del reloj, ese tic toc que suena en todas partes y que se vuelve más intenso cada vez que pienso en él. Ya la noche es fría, el ambiente desesperante y la rutina agotadora. 

Ya pasa que me aburro fácilmente, que la magia no está. Es tal la situación que debemos declarar un estado de emergencia, llamar a las brigadas del corazón y hacer una barrera humana que logre romper el vacío de la monotonía. 

Qué sencillo es sacarte las palabras, hacer que digas lo que yo quiero, manipularte y manejarte a mi antojo. Tú cuerpo es tan dócil frente a mis deseos, caes tan pronto me ves llegar... ¿Y sabes qué es lo más triste de todo? Que te gusta. Te gusta ser humillado, burlado y pisoteado, eres feliz siendo infeliz. 

Te prestas con tanta voluntad para este juego que te desprecio; ya no te encuentro interesante, no ofreces nada a mi partida, solo miradas de niño ilusionado. Caíste tan rápido en la trampa que no me diste chance de divertirme a tu costa, de todos mis juguetes eres el más patético, el más simple, el único que no se dio cuenta de que no lo quería, que simplemente lo usaba. Ya ha pasado tanto tiempo y aún no lo ves, es tanta mi desesperación por zafarte de mi regazo que me has obligado a este punto. Ya me había encariñado con tu inocencia que creo que me duele romperle los sueños a alguien tan débil.
Aprende que en este amor solo pierdes tú.

sábado, 19 de marzo de 2011

UCDC II

Siguiendo la historia de la entrada anterior aquí dejo esto. Pronto ya tendré la versión 2.0 aquí jaja

Era casi media noche. La brisa soplaba fuerte y amenzaba con romper las ventanas de la habitación, él desde el baño sentía el golpeteo contra los cristales mientras se vendaba la mano, lo hacía con paciencia, pues le daba más tiempo para pensar qué hacer. Su mente repasaba una y otra vez esa canción que para nada le gustaba y que sin embargo sabía de memoria no sé quien soy ni a dónde voy, solo sé que contigo no estoy; nunca le gustaron las melodías amorosas ni nada que tuviera que ver con esa -oscura ciencia-. Cuando al fin hubo terminado con la herida alzó su mirada al espejo y vio un rostro desgastado, angustiado, resentido, vio todo lo que no quería ser. Lo peor era que no podía evitarlo: vivir como vivía, condenarse como se condenó, acostumbrarse a lo que se acostumbró hicieron su existencia mísera y absurda, al menos eso él pensaba.

Ya estaba casi amaneciendo. Él no fue capaz de llegar a su cama, junto a ella, sino que cayó en un rincón del baño hasta quedarse dormido mientras cantaba la canción que más odiaba no sé quien soy ni a dónde voy, no sé quien soy ni a dónde voy... fue tan profundo su sueño que solo lo despertó el taconeo de ella mientras se alistaba para ir a trabajar. Escuchar sus zapatos fue como sentir un obrero martillar acero, entró en pánico; solo logró calmarse cuando escuchó la puerta de su casa cerrarse. Habiéndose ido su tormento, ya tenía más espacio para meditar sobre ella, para desesperarse y darse cuenta que los días pasaban y el compromiso que se había hecho aquella noche entre los vidrios rotos y las botellas de vino no había sido cumplido.

martes, 8 de marzo de 2011

Un cuento de Casados

Este es el comienzo de un cuento de casados, aún sin título. Si lo leen, díganme su opinión! Si les gusta será la historia que presente en clase =)

Él no sabía qué pasaba con ella. Solo recordaba aquellos tiempos, cuando era feliz y no tenía preocupaciones. Era una pena para él solo poder recordar y no sentir, era una lástima no entender su tristeza. Lo último que quería era lastimarla, pero su incapacidad no dejaba espacio para más. 

Era ya media noche y sus ojos luchaban por mantenerse abiertos, aunque su cuerpo le pedía dormir, su corazón insistía en quedarse despierto, intentando solucionar el acertijo de quién era ella y por qué sufría. Hacían varios años que la conocía, pero nunca cruzaron palabras; su relación se basaba en las miradas de ella y los saludos fríos de él. Aunque la veía todos los días no sabía su nombre, ni que le gustaba ni que odiaba.  -Era como ver un fantasma- pensaba él. Y no era para más: cualquiera pensaría lo mismo en su lugar. 

Resultaría más fácil si él se acercara y preguntara su nombre. Ya lo había intentando, en su mente claro, pues temía que con la mirada intimidante de ella cualquier palabra que saliese de su boca sería devuelta con una bomba nuclear. Si no podía hablarle, mucho menos podía tocarla, lo que la hacía una figura distante, inalcanzable. 

Estas y otras fueron sus meditaciones... después de muchas horas, una botella de vino y una fuerte jaqueca, era hora que él tomara una decisión. Era hora de decirle a su esposa, a la mujer que dejó de amar, que esa sería su última noche juntos.