Todos somos buenos en algo. Unos son expertos en informática, otros sirven de enciclopedia para sus amigos holgazanes y otros son los mejores en crear excusas. En mi caso, hay unas cuantas que puedo hacer con los ojos cerrados pero hoy reafirmé que me falta mucho talento en algo: sentido común.
No sé si es específicamente el sentido común, la atención o habilidad, pero indudablemente algo falla durante el proceso. La razón de esta conclusión es la causa de ciertos hechos que ocurrieron hoy.
Todo empezó en la mañana. A diferencia del resto de la semana, hoy dormí hasta tarde. Mi mamá necesitaba un abanico (vivimos en una ciudad caliente), así que uso el suyo en vez del mío. El pobre ventilador no es más que un tubo con una hélice, así que se hizo migas cuando era llevado de regreso a su lugar. Fue un gran electrodoméstico, sin importar los años funcionó hasta el final... después de desfallecer seguía dando fresco como si fuese nuevo. Una lástima.
Pasando la página, el luto no duró mucho y salimos a comprar otro. Todo era perfecto. Un abanico nuevo y flamante llegaba a casa, color negro, brillante, listo para resaltar del resto de ventiladores amarillentos que habían pasado por los pasillos de nuestra morada.
Al sacar las partes de su caja, sería pan comido armarlo. Falso. Alguien podría decirme, ¿qué es una base cónica? ¿Qué diferencia hay entre una base cónica y una redonda? Si lo saben, háganmelo saber de una manera dulce y discreta.
Al final, después de leer en repetidas ocasiones los cinco pasos que incluían las instrucciones, sin ningún tipo de gráficos por cierto, el resultado final no fue muy satisfactorio. No logré armar un ventilador de piso sino una linda adaptación para mesas y escritorios que hace ruido cada vez que es encendido. Un par de intentos más y tal vez sabré para que eran las tuercas que sobraron.