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miércoles, 10 de abril de 2013

Me quiere, no me quiere

Una reflexión basada en unas cuantas historias que he escuchado por estos días. No es un poema, es un texto de párrafos cortos. 

Me busca, me abandona.
Sabe qué me gusta oír, sabe que odio su silencio. 
Conoce todo de mí, ignora que tengo sentimientos.
Es maestro en seducción, estudiante del olvido. 
Como todo caballero, profesa no tener recuerdos de mí. 
¿Me quiere o no me quiere?

Si de modales hablamos, él es una insignia. 
Parece que fue hecho a la medida, es perfecto.
No tiene defectos, o al menos no deja entreverlos. 
Es discreto, nunca deja mancha de sus tropiezos.


Sus manos producen sentimientos que otros no llegan a imaginar.
Las sábanas delatan lo que ha pasado.
Sus acciones son traídas de los picos más altos de los nevados. 
Las paredes de la habitación son los únicos pilares de esta relación. 
¿Me quiere o no me quiere?


No es él, soy yo.
No tengo lo que él desea, pero lo amo. 
No lo merezco, lo sé.
No me lamento, digo la verdad.

Su mirada me llama, me dice que vaya con él.
Ya no sé si sea lo correcto, pero tal vez siga su sombra.
¿Me quiere o no me quiere? Creo que la respuesta ya es más que clara. 

sábado, 26 de enero de 2013

A veces, solo a veces


Nunca me ha pasado pero siempre lo he imaginado. ¿Qué pasa cuando los deseos salen de la mente y llegan a las acciones? Ya no bastan las fantasías de una cita juntos sino las ganas de tener a aquella persona cerca. Tú estás cerca pero tu contraparte está muy lejos porque así lo desea. No es incorrecto visitarla sin que lo sepa, es parte del aprecio hacia los demás. 

***
A veces, solo a veces, no puedo evitar reírme de la situación. Es que... es tan cómico... Solo está allí, sentada, siguiendo con la mirada a la única mosca que logra escabullirse cada noche por la ventada de su habitación. Parece que han llegado a ser amigos, sí, ella y la mosca, y solo parece que su relación es más íntima porque ahora ella no quiere matarlo sino observarlo. Extraño, sin duda. 

Es tan extraño y peculiar. No provoca borrar aquel recuerdo de la mente, sino reproducirlo, como las películas que pasan los canales nacionales año tras año, y reírse. Así de gracioso es, tanto que podría pasar la noche entera ejercitando la mandíbula a causa de ese vago chiste que yo conozco y ella ignora. 

Volviendo a los más importante, la mosca cada noche parecía más inquieta. Antes, solo se colocaba en la punta del escritorio mientras esperaba el primer golpe con el portapepeles. Ahora, como una mariposa en primavera, reboloteaba de lado a lado buscando llamar la atención de su victimaria. Las parafilias parecen afectar a todas las especies, mi primera pregunta problema de esa noche. 

Ella, vestida con sus habituales pijamas, que además constituyen su principal vestimenta, dejó de maldecir y lanzar golpes al aire para convertirse en un radar de insectos. No hacía más que mover sus pupilas con rigurosidad como las manecillas del reloj, procesando cada aleteo de aquella criatura de ojos rojos.

El idilio amoroso empezó hace un mes. Quisiera contar el inicio de aquel lucha de poderes, pero parece que ella me ha visto y luce asustada. Desde que dejó de usar cortinas es mucho más difícil saber que hace, intentaré buscar una forma de volver sin que ella lo note. 

Espero que la mosca se intoxique con pesticida y deje de acosarla.