Es la época en que el olor a chuzo de chorizo y butifarra impregna a la ciudad. Los vendedores se multiplican y los precios ni se digan. Es el diciembre del barranquillero: los artesanos, vendedores ambulantes y amas de casas venden accesorios, decoraciones y comida como ninguna otra fecha en el calendario.
Y nadie se queda atrás. Los turistas saliendo en cada esquina, unos más atractivos que otros, esperan conocer un amable personaje local que pueda hacer más grata su momentánea estadía. Diría que toda la atención cae en las mujeres, pero también están los hombres que de la noche a la mañana se convierten en traductores especializados en entretener a los clientes. Alto bajo, bajo, gordo o calvo, el hecho de que estén colorados por el calor y vistan shorts o bermudas hacen que los tiernos ojos de los lugareños recaigan sobre los visitantes de paso, que no se sienten incómodos con la situación, sino por el contrario, es parte de la experiencia de "disfrutar el Carnaval". Además, nunca está de más tener una historia que contar días después acerca del día "en que conociste un gringo mientras intentabas enseñarle a bailar cumbia".
Entre otras cosas, es la época en que es justificable cualquier cosa que hagas. Ayer, en pleno baile y jolgorio, los borrachos, parte de la decoración carnavalera, empezaban su rutina diaria por lo siguientes cuatro días. En medio de la carrera 46 con calle 72, punto estratégico de Barranquilla, un familiar del 'ñato mama ron' se le fue la mano y apretó un trasero que no era el suyo. ¿Qué hizo la afecta? Reírse. Tampoco es que aquel hombre pudiese darle una explicación coherente de la situación. ¿Qué pasó después? El borracho se cayó sobre la acera y los recogió un amigo, supongo que intentaba llevarlo a un lugar menos transitado antes que continuara cometiendo tonterías.
Pero no todas las imprudencias son malas. A veces pueden sacar más de una carcajada, aún si estás de mal humor en medio de las explosiones de espuma, maizena y ruido. Ir caminando en medio de la gente buscando a alguien o un baño, puede ser el momento en que encuentres más parejas de baile en toda la noche. El vendedor de sombreros, el de manillas, el bailarín solitario y el entusiasta que hacer mover hasta a una escoba son algunos de los personajes que te encontrarás en medio del camino.
Si bien, han pasado pocas horas y esto apenas comienza, son muchas las historias que hacen al Carnaval de Barranquilla una fiesta. No todos podemos vivirla al cien por ciento, no todos tienen cuatro días libres, dinero o compañía, pero lo que es cierto es que cada uno la goza a su manera porque es una acción latente del caribeño.
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